Love Me Love Me: un romance que promete intensidad… pero se queda en la superficie

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Esperaba emocionarme con Love Me Love Me. Lo que no esperaba era tener tantas ganas de pausar la película para hablar con alguien al respecto. Tengo que ser honesta desde el principio: llegué a Love Me Love Me completamente virgen de expectativas literarias. No había leído la novela de Stefania S., no conocía la historia original y, sinceramente, tampoco estaba al tanto del fenómeno Wattpad detrás de esta saga.

Me senté frente a la pantalla con una taza de té, el modo «película de San Valentín» activado y ganas de dejarme llevar por un romance europeo. Lo que encontré fue algo más complicado que eso.

Y precisamente porque no tengo el libro como ancla, lo que vais a leer aquí es una opinión pura sobre la película como obra cinematográfica. Sin comparaciones, sin «en el libro era diferente», sin defensas de la versión original. Solo Love Me Love Me tal y como existe en Amazon Prime Video.

Qué cuenta Love Me Love Me: la premisa tiene potencial

June llega a Milán rota por dentro. La muerte de su hermano la ha dejado sin suelo firme, y mudarse a Italia es su forma de intentar construir uno nuevo. Se matricula en una escuela internacional de élite —con esa estética de instituto europeo que solo existe en las películas— y encuentra en Will, el estudiante perfecto, un asidero seguro. Todo va más o menos bien hasta que aparece James.

James es el prototipo que el género conoce bien: guapo, conflictivo, con una capa de peligro que en realidad esconde vulnerabilidad. Su vida secreta en peleas clandestinas de MMA añade un elemento de tensión que debería funcionar como gasolina para la atracción con June. La rivalidad inicial que se convierte en algo más es un arco clásico, pero clásico no significa malo si está bien ejecutado.

Ahí está el problema: la premisa de Love Me Love Me tiene todo lo necesario para funcionar. Duelo, nuevos comienzos, triángulo amoroso, tensión sexual de la buena, escenarios italianos espectaculares. El material existe. El resultado final, lamentablemente, no le hace del todo justicia.

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Lo que no funciona en Love Me Love Me: un diagnóstico con cariño

El ritmo narrativo: todo va demasiado rápido

La mayor debilidad de Love Me Love Me es su ritmo. Con 99 minutos de duración para contar lo que, según todos los indicios, es una historia con mucha profundidad emocional, la película tiene que correr constantemente. Y cuando una historia romántica corre, pierde exactamente lo que la hace funcionar: la tensión acumulada, los silencios cargados de significado, las miradas que dicen lo que los personajes no se atreven a decir.

La transición de la hostilidad inicial entre June y James a la atracción romántica sucede de una manera que se siente abrupta. Un momento están discutiendo, al siguiente hay algo entre ellos que se supone que debería emocionarnos. El problema es que el camino que lleva de un punto a otro ha sido tan corto que no hemos tenido tiempo de invertir emocionalmente en ese cambio. Y si no hemos invertido, el resultado no duele ni alegra como debería.

Los personajes se quedan en la superficie

June, en papel, es un personaje con mucho de qué tirar: el duelo, la capacidad de empezar de cero, las murallas emocionales. Mia Jenkins tiene el talento para dar profundidad a ese tipo de personaje, y hay momentos en los que se intuye quién podría ser June si la película le diera espacio. Pero la mayor parte del tiempo, el guion la reduce a reaccionar ante lo que le ocurre en lugar de ser una protagonista activa con una vida interior rica.

James, interpretado por Pepe Barroso, sufre un problema parecido. El arquetipo del «chico malo con corazón de oro» funciona cuando conseguimos entender por qué es como es, cuando las grietas en su armadura se revelan despacio y de manera creíble. Aquí esas grietas se muestran, pero sin el contexto emocional suficiente para que aterricen con fuerza.

Will, el tercer vértice del triángulo, es prácticamente decorativo. Para que un triángulo amoroso funcione, necesitamos sentir que las dos opciones son realmente opciones, que hay algo genuino en cada relación. Aquí la balanza está tan inclinada desde el principio que su presencia no genera ningún dilema real.

El problema del idioma: un elefante en la habitación

Love Me Love Me se ambienta en Milán y tiene un reparto mayoritariamente europeo, pero el idioma vehicular es el inglés. Eso genera una tensión constante: actores italianos, españoles y de otros países esforzándose por actuar en inglés, con acentos marcados que en algunos momentos interfieren con la entrega emocional de las líneas. No es un problema de talento, sino de una decisión de producción que se puede entender desde el punto de vista comercial pero que tiene un coste narrativo claro.

Hay escenas en las que la emoción que se busca transmitir llega amortiguada precisamente porque el idioma crea una capa de artificio difícil de ignorar. Milán, como escenario, es simplemente preciosa. Pero hay momentos en los que desearías que los personajes pudieran hablar italiano, y que las emociones fluyeran con la naturalidad que el idioma materno permite.

El triángulo amoroso que no termina de serlo

Love Me Love Me se vende como una historia de triángulo amoroso. La realidad es que la tensión entre June y James está tan establecida desde el principio que la presencia de Will en la ecuación siente más como un obstáculo argumental que como una alternativa real. No hay momentos en los que genuinamente dudes de qué va a pasar, y eso le quita mucho combustible a una historia cuyo motor debería ser exactamente esa incertidumbre.

El final: prometedor pero insatisfactorio

Sin revelar demasiado: el desenlace de Love Me Love Me no es exactamente un final cerrado. Está claramente construido para abrir la puerta a una continuación, lo cual es legítimo si hay una saga detrás. El problema es que la película tampoco ofrece un arco lo suficientemente satisfactorio dentro de sus propios límites.

Llegas al final habiendo pasado 99 minutos con estos personajes y sintiendo que la historia apenas ha empezado de verdad. Eso puede ser emocionante si confías en que habrá segunda parte. Si no, puede resultar frustrante.

Lo que sí funciona en Love Me Love Me: hay diamantes en bruto

Sería injusto, y honestamente inexacto, presentar Love Me Love Me como un desastre. Tiene cosas que funcionan, y quiero reconocerlas.

Milán es absolutamente preciosa como escenario. Hay una inteligencia visual en cómo se usa la ciudad, alternando la opulencia de la escuela de élite con los rincones más íntimos. Si la película tiene algo que no puede discutirse, es que luce bien.

La química entre Mia Jenkins y Pepe Barroso existe. Hay destellos, especialmente en las escenas de tensión verbal, donde se intuye lo que podría haber sido esta historia con más tiempo y más guion. Cuando la cámara los captura en los momentos de conflicto, hay algo ahí. El problema es que esos momentos son insuficientes y no siempre están bien construidos narrativamente.

El tono general de la película es accesible y ligero, y eso no es necesariamente malo. Love Me Love Me no pretende ser Bergman. Es entretenimiento romántico juvenil, y dentro de ese género, hay momentos que cumplen exactamente su función: hacerte suspirar un poco, sonreír, desear que te pase algo así. Esos momentos existen, aunque no sean suficientes para sostener todo el peso de la película.

El fenómeno Wattpad en la pantalla grande: oportunidad desaprovechada

Love Me Love Me es parte de una tendencia creciente: las adaptaciones de novelas nacidas en plataformas de lectura digital como Wattpad. Con más de 23 millones de lecturas, la saga de Stefania S. tiene una comunidad de fans enorme y apasionada. Esa comunidad llega a la película con expectativas muy concretas, con cariño por los personajes, con recuerdos emocionales ligados a la historia.

El problema de adaptar ese tipo de material es doble: por un lado, tienes que satisfacer a los fans que ya conocen y aman la historia. Por el otro, tienes que construir algo que también funcione para quienes, como yo, llegan sin ese contexto. Love Me Love Me parece inclinarse hacia los fans de la novela, asumiendo que el espectador ya trae consigo la profundidad emocional que la película no tiene tiempo de construir. Esa apuesta tiene sentido comercialmente, pero deja fuera a una parte del público.

No es un problema exclusivo de Love Me Love Me: le ha pasado a muchas adaptaciones de material literario popular. Pero merece mencionarse, especialmente para quienes llegan a la película sin haber leído el libro y se preguntan por qué sienten que se están perdiendo algo. Probablemente sí se están perdiendo algo. Y eso es, en parte, un fallo de la película.

Veredicto final: Love Me Love Me es una película que quiere más de sí misma

Love Me Love Me tiene el corazón en el sitio correcto. Tiene los ingredientes, tiene el escenario, tiene actores que pueden hacer más de lo que el guion les pide. Lo que le falta es valentía narrativa: la valentía de tomarse el tiempo suficiente para construir las emociones que promete, de confiar en que el espectador aguanta el ritmo de una historia que se desarrolla con calma, de dejar que los personajes respiren.

Como experiencia de San Valentín de sofá, con expectativas ajustadas, puede ser un rato agradable. Como adaptación de una saga con millones de lectores apasionados, y como película romántica en un momento en que el género está demostrando que puede ser mucho más que sus clichés, se queda a medio camino.

Espero que si hay una segunda parte —y todo indica que la habrá— alguien en el equipo creativo se tome el tiempo de construir lo que esta primera entrega prometió sin llegar a cumplir. Porque la historia, claramente, tiene potencial. Solo necesita que la dejen ser lo que puede ser.

Mi nota: 5/10

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By Mel
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¡Hola, me llamo Mel! Apasionada de las novelas y las películas románticas, los K-dramas, los animes y los manga.
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